Las Tics y los nuevos paradigmas educativos.
Grandes inversiones pequeños resultados en la educación
las últimas décadas del siglo XX, Colombia -como la mayoría de los países de Latinoamérica- consiguió importantes avances en el sector educativo. La ampliación de matrículas hasta llegar casi a la universalización en la educación primaria democratizó la experiencia educativa; la lucha contra el analfabetismo fue efectiva; la descentralización permitió convocar mayor participación de las comunidades locales en sus escuelas y colegios; varias innovaciones educativas permitieron responder a desafíos puntuales del sector educativo; y -por encima de todo- la sociedad y el Estado comprendieron que la educación es la base del desarrollo y el crecimiento económico, así como el pilar de la democracia. Por eso Colombia, como muchos otros países del continente, ha comenzado a dar (intermitentemente, eso sí) prioridad política y fiscal a la educación.
Hoy se estima que Colombia destina 4.1% de su Producto Interno Bruto (PIB) a la educación pública. Esta cifra es superior al promedio latinoamericano -3.6%- pero inferior al promedio mundial de 4.8%. En 1980, Colombia destinaba solamente el 1.9% del PIB a la educación pública, lo que demuestra un enorme esfuerzo fiscal en los últimos 20 años para aumentar los recursos a la educación.
Sin embargo, a pesar de los aumentos en inversión, los efectos de este esfuerzo han sido lentos y en ocasiones difíciles de percibir. Lo que sucede es que los desafíos son tan grandes y complejos, que no basta con gastar más: hay que gastar mejor.
Hoy por hoy es evidente que en Colombia si llegan grandes inversiones para la educación y que lastimosamente esta no es invertida de la forma idónea y como corresponde para el sector educativo oficial, puesto que estos dineros son implementados en otros tipos de proyectos que no generan ni aporta nada a la educación.
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